martes, 30 de mayo de 2017

Historia, "Un mundo sin Internet"



Iara se encontraba agobiada, le habían mandado un trabajo de investigación, algo sobre la tercera guerra mundial, lo que consideraba inútil. Sus padres le habían hablado sobre eso, la guerra había pasado hace ciento cincuenta años ya, pero todos lo recordaban como algo doloroso.
                   Iara se dirigía a la biblioteca a buscar información sobre dicho tema.
                   Al llegar saludo a la bibliotecaria y comenzó su búsqueda. Había estado horas en ese lugar y aún no encontraba nada útil.
                   -¿Qué hay en el fondo? – preguntó a la bibliotecaria, señalando los últimos pasillos de la biblioteca.
-¿Ahí? Nada, cosas viejas. De hecho, muchas fueron prohibidas por la antigüedad de sus temas.

                   Iara asintió, no sentía curiosidad en absoluto. Después de todo solo seguía siendo parte del pasado.
                   Luego de búsquedas y búsquedas decidió ir a observar que había en aquel último pasillo.
                   Fue entonces cuando un libro cayó sobre ella, fue ahí cuando lo vio por primera vez. Fue ahí cuando encontró la palabra “Internet”. Nunca había oído hablar sobre aquello, y esta no sería la última vez.
                   Tomó el libro y lo guardo en su bolso, era hora de ir a casa.

(…)

-La cena está lista. – dijo su mamá.

                   Todos se sentaron a comer en familia y Iara aprovecho a preguntar.

-¿Qué es Internet?
-¿Cómo sabes eso? – dijo a la defensiva su padre.
-Encontré un libro en la biblioteca que habla sobre eso.
-No deberían dar esos libros. – dijo molesto su padre nuevamente, y la conversación se dio por finalizada.
                   La curiosidad de Iara despertó aún más, solía pasar eso cuando encontraba una molestia en el otro. Antes de dormir entro su madre.
-Sabes, yo algún día hice la misma pregunta a mis padres. – contó su madre.
-¿Y qué te respondieron?
-No lo recuerdo. Solo sé que no me dieron una respuesta que revelara algo. No es bueno que te quedes con la duda y cometas mis errores. Averígualo y contame.

                   Con esto Iara y su madre se despidieron, y la curiosidad seguía ahí.
                   Apagó las luces y tomó una linterna para poder leer. Esta vez leyó más allá de la primera página.
                   Las horas pasaban y Iara no podía despegar la vista del libro, cada vez descubría  más cosas del pasado. De su pasado, del pasado de todos.
Sobre todo descubrió los causantes de la Tercera Guerra Mundial, y descubrió sus consecuencias.

                   “Las armas está vez no eran hombres, si no maquinas. Pero las victimas… siempre serían hombres” – leyó.

                   “Bomba atómica programada ha caído en tres diferentes ciudades. Una guerra mediante el Internet ha comenzado. Son miles los muertos y las posibilidades que da el Internet para la guerra son innumerables. El gobierno tiene acceso mediante el Internet a las diferentes zonas y ciudades, están lanzando misiles”
                   “Estados Unidos ha perdido esta guerra, y millones han perdido la vida”
                   “Las posibilidades de lanzar misiles ahora son más grandes mediante el Internet. Gran parte de Asia ha quedado destruida tras esta guerra, Estados Unidos también”

                   Iara no podía entender como ese algo conocido como Internet podría haber causado eso. Tampoco entendía quien crearía algo de uso personal solo para destruir.
                   Pero entonces lo vio, vio los comienzos de Internet. Lo vio como una herramienta útil y que mantenía comunicada y al mismo tiempo descomunicada a la gente. Era algo entretenido, algo que no lastimaba.
                   Pero eso había sido destruido, los hombres habían transformado un entretenimiento en un arma. Y ahí entendió que era el hombre quien destruía y creaba para destruir.
                   No sabía que había sucedido con el Internet y porque hasta ahora nunca había oído hablar de él. Pero decidió seguir al otro día.

(…)

                   En la mañana se encontró cansada, ni siquiera había podido dormir de los nervios. Porque aún quedaba un misterio por descubrir.
                   Entro nuevamente y vio, el Internet había sido destruido: “eran tantas las muertes y tanto el dolor que los gobiernos, reyes, reinas de todo el mundo decidieron destruirlo. La Iglesia quemo todos los rastros del Internet. Menos este.”

                   Leyó el nombre del autor, “Anónimo”. O unos padres lo suficientemente crueles le habían puesto ese nombre a sus hijos, o alguien intentaba esconderse.
                   Eso dejaba a Iara con muchas preguntas sin respuesta. Miro el resto de la información del libro, se encontraba en el género de “ciencia ficción”. Pero eso no era ciencia ficción, si no algo más.

-Hija, ¿hiciste las tareas? – dijo su madre desde la cocina.

                   Iara recordó que tenía muchas tareas, demasiadas tal vez. Pero dentro de ellas se encontraba su trabajo sobre la Tercera Guerra Mundial, un trabajo que la había llevado hacia un misterio. Y quiso decir la verdad sobre lo que había encontrado, no mentir sobre el pasado.
                   Busco todas las palabras difíciles de entender en el diccionario, leyó toda la información del libro y completo.
                   Cuando entregara ese trabajo, y si este se daba a conocer, la vida de muchos cambiaria.

                   Y lo entrego, con una sonrisa, sabiendo que algo nuevo esperaba.

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